domingo, 15 de abril de 2012

Sobre la cuerna del venado (Cervus elaphus): descorreo, escoda y desmogue...

           En estas fechas, primeras semanas de la primavera, ya se empiezan a encontrar cuernas de venado en los montes de Redes. Su búsqueda requiere una acertada combinación de experiencia y fortuna. Quien esto suscribe, aliado con la segunda más que con la primera, ya tuvo hace tres o cuatro años la ocasión de "tropezar" con una muy vistosa pareja de dieciséis puntas, aunque no tan espectacular como la que luce en el hostal El Mirador de Tanes, en Caso. Desde entonces, sólo una pieza de corzo (Capreolus capreolus) subiendo hacia Brañagallones, en La Cardosa.

          Curiosamente, la cuerna, protagonista absoluta en las afrentas entre venados durante la berrea (de la que se habló en una entrada anterior), es una característica propia de los cérvidos actuales, pues sus antepasados más remotos carecían de la misma y no fue hasta el Plioceno cuando aparecieron las cornamentas complejas y ramificadas que conocemos en la actualidad. La consecución de estas astas constituye un extraño caso evolutivo, ya que los ciervos las renuevan anualmente sin que el motivo haya sido resuelto satisfactoriamente hasta la fecha. 



 Cabeza de venado, atribuido a Velázquez, hacia 1634, oleo sobre lienzo, 62 x 52 cm, en el Museo del Prado, Madrid.

Imagen de gran calidad, frescura e inmediatez de la cabeza de un venado que por su naturalismo ha sido calificada
de “retrato” y que pudo haber sido pintada para decorar alguno de los Sitios Reales. Su tema, relacionado con la
caza, ha llevado a pensar que pudiera haber formado parte de la colección de pinturas realizadas para el pabellón
de caza conocido como Torre de la Parada.Esta obra fue adquirida en 1920 por don Fernando de Aragón y
Carrillo de Albornoz, marqués de Casa Torres, quien la donó al Museo del Prado en 1975.




          Las cuernas son, químicamente, protuberancias óseas macizas de origen dermo-epidérmico, con un 30-40% de matriz orgánica (fundamentalmente colágeno y otras proteínas), un 60-70% de fosfato cálcico, y otros minerales por debajo del 1% (Zn, Fe, Si, Mg, K y Na).

          Entre las propiedades mecánicas del hueso podemos diferenciar dos tipos: las que dependen de factores estructurales, y las que dependen de factores intrínsecos, que son los que están relacionados con la calidad mecánica del material. El rendimiento mecánico de la cuerna depende de factores como el grosor cortical, diámetro, y la mencionada calidad del material óseo. Pero factores como el clima, la edad, o la densidad poblacional pueden afectar también el grosor cortical, grado de mineralización del hueso, etc., que al ser modificados tienen un efecto directo con las propiedades mecánicas del hueso en su conjunto.

          Los machos, pero no las hembras, desarrollan a partir del primer año cuernas que renuevan anualmente, formadas por un tronco central que surge desde la roseta y se ramifica en puntas o candiles. En el ciervo adulto, pueden distinguirse de abajo hacia arriba los siguientes tipos de puntas (aunque no todas presentes en todos los ejemplares):
 
  • dos pares de luchaderas o, según algunos autores, un par de luchaderas, las primeras desde la roseta, y un par de contraluchaderas, justo a continuación,
  • un par de puntas centrales, 
  • finalmente, un número muy variable de puntas en la parte superior llamada corona.

          La primera cuerna comienza a crecer entre las primeras 36 y 40 semanas de vida, con un peso del animal próximo a los 70 kg. Se inicia a partir de la proliferación de cé­lulas localizadas en las crestas laterales del hueso frontal. Estas células se diferencian en osteoblastos, que dan lugar a la formación del pedículo. Una vez que éste ha alcanzado una longitud de 2,5 cm, sobre su extremo se produce el desarrollo de la cuerna. En esta transición de pedículo a cuerna se observa un cambio en el patrón de osificación, que pasa de intramembranosa a endocondral, ya que este tipo de osificación permite el rápido crecimiento de la cuerna, en la época en la que los andrógenos se encuentran en niveles basales y que en nuestra latitud es durante la primavera. Este período de crecimiento de la cuerna tiene una duración de entre 12 y 18 semanas.

          El crecimiento de la primera cuerna está influido en gran medida por la alimen­tación que reciben los animales, ya que existen unos pesos umbrales necesarios para cada uno de los principales acontecimientos del desarrollo de las varas. Esto confiere gran importancia a la fase de lactación, de manera que los machos que tienen una lactación más fa­vorable desarrollan varas de forma más precoz y de mayor calidad. Así, los animales con fecha de nacimiento más temprana reciben más can­tidad de leche y de mejor calidad, lo que permite suponer que los animales que nazcan más temprano serán los que desarrollen una cuerna de mayor tamaño.

          Las cuernas de los animales de un año suelen consistir en un par de varas no ramificadas, desde muy cortas hasta los 60 cm de longitud con una media de 40 cm, aunque pueden presentar ya varias puntas en algunos ejemplares. Al segundo año puede tener ya entre 6 y 12  puntas, y tiende a aumentar su tamaño y número de puntas en los años siguientes. En su máximo desarrollo, que sucede en torno a los 7 u 8 años, algunos ejemplares llegan a superar el metro de longitud y pueden tener un número de puntas total cercano a las 20. A partir de los 9 años, aproximadamente, la cuerna se produce cada año de menor tamaño, y especialmente con menor número de puntas.




  Cuerna de venado, atribuido a Velázquez y , hacia 1626, oleo sobre lienzo, 127 x 150 cm,
propiedad del Patrimonio Nacional y actualmente depositada en el Palacio de El Pardo.

Adquirida, sin atribución, al marqués de Salamanca por Isabel II, fue ya descrita en relación con Velázquez por Antonio Ponz,
cuando pertenecía al infante don Luis en el Palacio de Villaviciosa de Odón: «Por de Velázquez se estima un quadro que
hay un búho pintado y varias cabezas de caza muerta». La hipótesis, recogida por A. E. Pérez Sánchez, supone que
sobre la cuerna original de Velázquez se habría procedido a una amplia restauración para recuperar las partes dañadas,
añadiendo el búho real y las cabezas restantes para enriquecer la composición, añadidos que no serían tampoco
desdeñables pues habrían sido realizados quizá por Juan García de Miranda o algún otro pintor conocedor de la
pintura seiscentista, correspondiendo a Velázquez únicamente el papel blanco, la piedra en que se apoya y la propia
cuerna sobre un fondo liso de tonalidad castaño-verdoso sobre el que se proyecta la sombra de las astas.




          Las cuernas crecen recubiertas de una piel vascularizada y sedosa denominada terciopelo o borra que, aproximadamente en julio, cuando la cuerna alcanza su mayor tamaño, queda sin irrigación sanguínea y muere a causa de la concentración creciente de testosterona que induce la mineralización de la cuerna, el cese de su crecimiento y su pérdida, siendo este último proceso conocido como descorreo.

          El animal procede entonces con la escoda, o escodado, que cosiste en el frotamiento impulsivo de la cuerna contra tallos y ramas leñosas de poco grosor con el resultado habitual de una pérdida de corteza y la mayor o menor destrucción de los tejidos conductores en una parte variable del eje vegetal afectado. La razón de esta actividad no es otra que la necesidad de provocar el desprendimiento del epitelio velloso que cubre la cuerna durante su desarrollo una vez que éste se ha completado. Liberada la cuerna de su recubrimiento sedoso, esta presenta un color blanco que con el tiempo se torna en marrón.

          A partir de mediados de marzo se produce el desmogue, o caída de la cuerna, y a partir de ese momento, durante los cuatro meses sucesivos, se desarrolla la nueva cuerna siendo a partir de julio cuando alcanza sus mayores dimensiones, entre 70 y 90 cm de modo común. Recuérdese que en el mundo animal la cuerna es el tejido óseo de más rápido crecimiento, alcanzando un crecimiento diario de entre los 2 y 4 cm, y llegando a constituir del 1 al 5% del peso corporal de un ciervo.

          Desde un punto de vista metabólico, el sucesivo desarrollo, descorreo, escoda y desmogue de las cuernas constituye un claro despilfarro energético y nutricional, situación infrecuente en el reino animal, ya que, tras el desmogue, y durante los cuatro o cinco meses siguientes en los que esta vuelve a desarrollarse, los ciervos no solamente hacen uso de los minerales y proteínas que pueden ser ingeridos por medio de la comida sino que el propio animal debe descalcificar su esqueleto para aportar los minerales que precisa, ya que su dieta cubre sólamente del 25 al 40% (en casos excepcionales) de las necesidades de calcio.

          El crecimiento corporal y desarrollo de las cuernas de los venados está fuertemente relacionado con las condiciones ambientales y con la densidad poblacional, por lo que el tamaño y el peso corporal son caracteres altamente variables entre poblaciones y más en los machos que en las hembras presentando dimorfismo sexual. La dieta condiciona la composición mineral de la cuerna y el estado de hidratación de esta afecta a sus propiedades mecánicas, de modo que la cuerna se reseca durante el periodo de las peleas entre machos, lo que le permite absorber mejor los golpes y dificulta su rotura. Las cuernas de los machos pueden indicar su calidad o el estrés sufrido durante su desarrollo anual, lo que podría reflejarse en la asimetría entre éstas. Aunque con excepciones, los machos más grandes tienen cuernas no sólo más grandes sino también más simétricas.

          Hasta no hace mucho se consideraba la cuerna de los machos únicamente como arma, por la ventaja que pudiera representar a la hora de pelear con un rival de su misma especie por la defensa de un harén de hembras, pero estudios recientes han probado que tiene además función de señalización para las hembras, a las que ofrece importante información sobre la fertilidad del macho. El tamaño relativo de las cuernas y su complejidad se asocia con el tamaño relativo testicular y la velocidad de los espermatozoides. Por tanto, las cuernas de los machos pueden indicar no sólo su capacidad de lucha sino también su fertilidad. La composición genética también afecta a la cuerna. Se ha comprobado que las cuernas más pequeñas se dan en individuos más homocigotos.

        



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Sobre la berrea y la reproducción del venado (pinchar aquí).

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