lunes, 2 de diciembre de 2013

De amor portátil, Kalman Barsy y el Malecón habanero de Arocha Hunjan...

            Un sol desfalleciente caía sobre las soledades infinitas de la pampa de altura. Allí a lo lejos se veía el camino recorrido, serpenteando hasta perderse enlo profundo de un valle de casitas minúsculas, cortado en dos a esa hora del atardecer por la sombra colosal de las montañas. En el camión, que parecía un barco navegando en aquella inmensidad, reinaba un ambiente de fiesta. Una botella de pisco circulaba de mano en mano y Tulio estaba repartiendo los volantes de promoción impresos den Pixotejoana. El texto no tenía importancia porque de todos modos los cholos no sabían leer, pero contaban con la desvaíada foto de la Marylin ─sobreinflada y con el mohín de los labios convertido en borrón de imprenta─ para inflamar el deseo de los pasajeros. Las mujeres, con sus guaguas a la espalda y sus críos mocurrientos agarrados de sus polleras, se habían replegado hacia una esquina de la caja del camión y desde allí lanzaban ladinas miradas contra los dos extranjeros.

Amor portátil, Kalman Barsy, 1989.



Malecón habanero, por Alain Arocha Hunjan. 76x61 cm. Colección particular.

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