jueves, 6 de octubre de 2011

Sobre Nauru: globalización, dispendio, obesidad y colapso...

            Nauru: latitud 0º 31’ 59’’ S, longitud 166º 55’ 0’’ E. Más o menos al Nordeste de Australia, aunque es exagerado decir “nordeste” en la superficie del Pacífico. Nauru se encuentra a 3500 km de Brisbane, a otros 2000 de las costas de Papúa Nueva Guinea, rodeada por una constelación de islas: Kiribati, Marshall, Salomón, Tuvalu, etc, todas ellas a una distancia de cuatro días de navegación.

            Nauru es uno de los islotes de Oceanía cuya existencia se materializa en un planisferio por un nombre pegado en el azul del océano. En los bordes de los mapas. 22 kilómetros cuadrados de roca extraviada en pleno Océano Pacífico. No demasiado grande para ser representado y dibujado a escala en un globo terrestre escolar. Un territorio al extremo del extremo. En el límite del mundo.



 Imagen aérea de Nauru en 2002 en la que se observa que la vegetación regenerada
cubre el 63 % de la superficie de tierra extraída durante la explotación del fosfato.



            Nauru es la república más pequeña del planeta. Poco más de catorcemil habitantes. Su historia podría ser la de un país sin historia, lejos de todo y sobre todo de Occidente. Sin embargo, este estado independiente tiene un pasado pesado como el plomo.

            Durante miles de años Nauru fue una tierra colonizada por las aves durante las migraciones que marcan el ritmo estacional entre hemisferios. La bird shit (mierda de pájaro), como la llaman los naruanos, ha hecho famoso al país. Quizás estuvo en el origen del fosfato: el guano –mezcla de los excrementos y esqueletos de aves- se habría mezclado en la tierra tanto como en el coral de la isla. La verdad es que con el tiempo se formaron inmensas reservas de fosfato en el subsuelo de Nauru. Una vez un abogado australiano describió el país de esta forma: “Nauru es una isla hecha de mierda, que se parece a una mierda y huele a mierda, pero si eres bueno en los negocios entonces seguro que harás un buen capital en este país.”






          Antes de que llegaran los europeos, en la isla de Nauru la gente vivía tranquila. El 8 de noviembre de 1798 fue descubierta por el capitán y explorador ingles John Fearn (1768-1837), cuando navegaba entre Nueva Zelanda y los mares de China a bordo del Hunter, y la llamó Pleasant Island, la isla placentera, donde los nativos se alimentaban de pescado, cocos y una fruta llamada pandano. En 1888 Nauru pasó a formar parte de Alemania y a comienzos del siglo XX los ingleses, atraidos por las ingentes cantidades de fosfato de la isla, comenzaron a repartir ganancias con los alemanes. Puesto que Alemania sucumbió en la Primera Guerra Mundial, Nauru fue controlada por Australia, Nueva Zelanda e Inglaterra. Fueron los japoneses los que tomaron el turno durante la Segunda Guerra Mundial y tras su derrota de nuevo Australia ejerció el control.

         Hasta 1968 Nauru no fue independiente para poder entonces administrar sus ganancias sobre el fosfato. Durante los años setenta cualquier naruano disponía de un vehículo a motor, de una lujosa casa y no tenía necesidad de trabajar, gracias a la aportación que el gobierno entregaba mensualmente a cada ciudadano. De forma paralela, ese mismo malgobierno invertía alegremente en propiedades inmobiliarias en Australia y Estados Unidos, con resultados catastróficos a corto y medio plazo. La suerte estaba echada, y Nauru comenzaba a asomarse al precipicio. La sucesión de presidentes, todos ellos sin bagage político e inexpertos, se encargó de dilapidar lo poco que quedaba en las arcas de la república.



Evolución de la extracción de fosfato en Nauru vs. precio al contado.


La alimentación occidental supuso en Nauru una amenaza para la que no estaban preparados, y así el 90% de los naruanos padece sobrepeso u obesidad, dato que le convierte en el país con mayor proporción de obesos del mundo.

Nauru a la cabeza, las pequeñas islas estado del océano Pacífico baten todos los récords de problemas de peso entre la población, con unos porcentajes que se mueven entre el 78% y el 94% de habitantes con un índice de masa corporal (IMC) superior a 25. Es decir, tienen sobrepeso (de 25 a 30) u obesidad (por encima de 30).

Hablar de este país es hablar de un gran problema de salud pública de enormes dimensiones: 9 de cada 10 habitantes tiene sobrepeso u obesidad. De media, los hombres adultos ingieren 7500 kcal diarias y las mujeres adultas 5000 kcal. En consecuencia, el 30% de la población de Nauru sufre diabetes tipo II y otro tanto de hipertensión y arteriosclerosis. Las muertes asociadas a la obesidad (de causa cardiovascular principalmente) son la norma, con unas cifras de infartos cardíacos increíblemente elevadas. Los estragos que el sobrepeso y la obesidad causan en la población provocan que la esperanza de vida sea de 58 años en hombres y de 65 en mujeres.

Si los datos sobre los problemas de peso de Nauru llaman la atención por batir todos los récords, aún resulta más sorprendente, si cabe, la evolución que ha tenido el peso de sus habitantes en menos de un siglo. De ser una tribu con su cultura tradicional y un peso normal, o incluso más bajo de lo recomendable, han pasado a ser una población ampliamente occidentalizada con unas cifras de peso alarmantes. 

La situación de Nauru ha sido extensamente estudiada por numerosos investigadores y, aún hoy, sigue siendo centro de atención en el estudio de la obesidad. Se trata del ejemplo más paradigmático de la enorme influencia que puede tener la sociedad (predominantemente los hábitos alimenticios) en las cifras de obesidad de una población pero también de la vulnerabilidad de ciertos grupos humanos frente a este problema.

Durante casi cuarenta mil años los habitantes de la isla de Nauru estuvieron aislados del mundo, apañándoselas como podían para llevarse algo a la boca. No habían desarrollado la agricultura, por lo que su alimentación consistía en lo que podían pescar, cazar y recolectar de la isla. Así pues, su alimentación era rica en carbohidratos complejos y fibra, y escasa en grasas y proteínas. De cuando en cuando, la isla se veía azotada por los ciclones, lo que ocasionaba épocas de hambruna entre la población. Debido a la dificultad para acceder a la comida y a estos frecuentes periodos de hambruna, se debió potenciar la capacidad de los nauruanos para sobrevivir en estas condiciones. Es decir, en época de abundancia, cuando podían comer más de lo que necesitaban, acumulaban el exceso de calorías en forma de grasa con facilidad, para resistir posteriormente a las constantes hambrunas. Aquellos que no desarrollaron estos mecanismos murieron como consecuencia de las presiones de la selección natural. De otro modo, se potenció el genotipo ahorrador (mayor facilidad para acumular grasa) entre los habitantes de la isla, también en otras muchas islas del Pacífico, como mecanismo de supervivencia.

Esa adaptación dejó de ser tan ventajosa cuando en el siglo XX empezaron a tomar contacto con la sociedad occidental y, principalmente, con su dieta. De la variada y escasa dieta de la isla, anteriormente señalada, pasaron a tener una dieta abundante en grasas y azúcares simples aunque pobre en fibra. Adaptados a vivir con escasez de alimentos y con ejercicio físico frecuente, los nauruanos se enfrentaron a finales del siglo pasado a comida en abundancia y nulo ejercicio físico. Si anteriormente la facilidad para acumular grasa era una cuestión de supervivencia, hoy en día es una cuestión de enfermedad.

Además, con el 90% de la isla cubierto por depósitos de fosfato se dificulta la implantación de la agricultura. En su lugar, acaban obteniendo la mayor parte de la comida vía importación de Australia y Nueva Zelanda. La mayoría de estos alimentos importados son carnes y dulces ricos en grasas y azúcares simples. De hecho, el "spam" o carne enlatada es uno de los "manjares" más populares en la isla, mientras que sólo un 3% de los habitantes de Nauru come fruta o verduras con frecuencia.

Pero no sólo la inexorable occidentalización de la población de Nauru ha sido la desencadenante de los problemas: entre los habitantes de las islas del pacífico existe todavía la percepción generalizada de que un exceso de peso es signo de riqueza y poder, lo que motiva poco o nada a sus habitantes para que intenten frenar el sobrepeso.



 La otra cara de Nauru, formaciones coralinas sobre la playa.



            En la década de los 70, con la llegada de los medios de comunicación cada vez más perfeccionados, el filósofo canadiense Herbert McLuhan definía el mundo como una “aldea global”. En un sentido más literal, Nauru podría ser esta aldea. Un roquedal, apenas mayor que el más pequeño de los barrios de cualquier capital europea, donde la globalización ha marcado su huella de forma indeleble. En la otra punta del globo terrestre, Nauru es la encrucijada del mundo donde se acumulan en un mismo impulso las riquezas, pero también los desastres. Un pequeño estado donde la mano invisible del mercado mundial habría depositado todos los males de nuestras sociedades. Un laboratorio a cielo abierto.

La historia de Nauru podría haber sido una ficción, una parábola, una fábula. Pues no, no es nada de eso.


Algunas lecturas para introducirse en el asunto pueden ser:

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